El nombre Cimafunk abraza la rebeldía del cimarrón —asociada a la libertad y la resistencia— y el funk como lenguaje musical. La identidad traslada esa unión a una síntesis del artista: el peinado, las gafas, la silueta y su actitud escénica construyen una figura reconocible.
El símbolo concentra los códigos que Cimafunk ya expresa sobre el escenario y los convierte en una firma visual. El blanco y negro, la tipografía de gran peso y el alto contraste permiten aplicar esa firma en discos, carteles, escenarios, contenidos digitales y merchandising sin separar la identidad de su música ni de su origen.