La dirección visual del proyecto se construyó desde una síntesis geométrica que permite reconocer cada figura con pocos elementos, pero con suficiente personalidad para sostener su carácter. La ilustración no busca reproducir fielmente un rostro, sino condensar una presencia, un temperamento y una idea en una forma gráfica clara, contemporánea y reconocible.
El objetivo no era reproducir cada rostro de manera realista, sino identificar los rasgos que hacen reconocible a una persona y reducirlos a pocas formas. El proyecto necesitaba un sistema común para reunir cien figuras sin borrar las diferencias entre ellas.